En México desperdiciamos el talento intelectual






La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha calculado que el 2,3% de la población mundial tiene altas capacidades intelectuales, y en nuestro país no existe la infraestructura educativa necesaria para realizar un diagnóstico de estas personas, lamentablemente muchos de esos individuos inclusive fracasan en la escuela.

El filósofo español Antonio Marina, autor de "La inteligencia ejecutiva o la inteligencia fracasada" resume la situación en una frase: "La mayor riqueza de un país no son sus materias primas, su territorio y su capital, sino el talento de sus ciudadanos", durante hace ya muchas décadas países como Cuba, Estados Unidos, la Unión Soviética entre otros han considerado palabras como estas para preparar en escuelas especializadas a esas mentes que pueden hacer la diferencia económica.

En México se están realizando cambios y reformas laborales para los maestros en servicio, sin embargo, no se contemplan si quiera programas adjuntos que puedan reconocer y dar atención a los alumnos con altas capacidades.

Hemos estado invirtiendo tiempo ya en los alumnos que tienen capacidades diferentes y sin embargo, la superdotación no está contemplada de manera clara en estas atenciones, porque aún consideramos que un niño con altas capacidades tiene que ser necesariamente como Dafne Almazán Anaya, la niña mexicana de 10 años que ya estudia en el Instituto Tecnológico de Monterrey.


Existen diferentes estados de superdotación y pruebas para identificar el nivel de inteligencia de las personas; según datos de la OMS, 2 de cada 100 niños en una escuela entrarían en esta clasificación es decir que tienen un coeficiente intelectual mayor a los 130 puntos (superior a los 100 que es el promedio). Es decir que si como maestros tenemos alrededor de 25 alumnos cada ciclo escolar, en cuatro años debimos haber descubierto al menos 2 niños con altas capacidades intelectuales, suena poco pero si consideramos el número de descubrimientos realizados por los maestros mexicanos nos da un contraste con número bajo en la realidad.
Y con todo esto no se está diciendo que una persona común no pueda aspirar a ser tan competente como alguien con un alto coeficiente, pues son varios autores que teorizan sobre la posibilidad de que los genios no nacen sino que se hacen.